En los sistemas de cultivo de camarón, uno de los parámetros que requiere mayor atención es el fósforo, particularmente en su forma de fosfatos. Aunque se trata de un nutriente esencial dentro del ecosistema acuático, su manejo inadecuado puede generar efectos negativos importantes sobre la calidad del agua y la productividad del cultivo.

El fósforo cumple un rol dual dentro de los estanques. Por un lado, es indispensable para los procesos metabólicos del camarón; por otro, es un nutriente clave para el desarrollo del fitoplancton. De hecho, se estima que pequeñas cantidades de fósforo pueden generar una alta producción de biomasa algal, lo que evidencia su gran influencia dentro del sistema.

El ingreso de fósforo a las piscinas ocurre por múltiples vías. Una de las principales fuentes es el agua de abastecimiento, que en muchos casos proviene de esteros, ríos o canales con alta carga de nutrientes. Estas aguas suelen presentar tonalidades verdes debido a la presencia de microalgas y, en ocasiones, cianobacterias. A esto se suman los aportes internos generados por el alimento no consumido, las excretas del camarón y la aplicación de fertilizantes. Asimismo, factores externos como la agricultura, las aguas residuales y actividades mineras pueden incrementar significativamente la carga de fósforo en el sistema.

Cuando la concentración de fosfatos supera ciertos niveles, se produce un proceso de eutrofización. Este fenómeno estimula el crecimiento acelerado de algas, alterando el equilibrio del estanque y generando fluctuaciones en la calidad del agua. Como consecuencia, el sistema se vuelve inestable y puede comprometer el desarrollo normal del cultivo. Además, el agua enriquecida en nutrientes es descargada nuevamente al medio natural, lo que perpetúa el ciclo de acumulación.

Piscina de camarones
Piscina de camarones

En el ambiente acuático, el fósforo se presenta principalmente como ortofosfatos (PO₄³⁻), que son altamente biodisponibles, y como polifosfatos, que pueden transformarse en formas asimilables. La predominancia de estas formas determina la velocidad con la que los organismos pueden utilizar este nutriente.

Bajo condiciones de alta disponibilidad de fósforo, suelen proliferar las cianobacterias, también conocidas como algas verde-azules. Estos organismos poseen una elevada eficiencia fotosintética y una rápida tasa de reproducción, lo que les permite dominar el sistema en poco tiempo. Sin embargo, algunas especies representan un riesgo importante para el cultivo. Por ejemplo, Microcystis sp. puede producir microcistinas, toxinas que afectan la hepatopáncreas del camarón. Por su parte, Anabaena sp. y Oscillatoria sp. generan compuestos como la geosmina y el metilisoborneol, responsables de olores y sabores desagradables que afectan la calidad comercial del producto.

Frente a este escenario, el control de fosfatos se vuelve una práctica indispensable en el manejo de estanques. Existen dos enfoques principales para su reducción: el químico y el biológico.

El tratamiento químico se basa en la precipitación del fósforo mediante la adición de compuestos que reaccionan con los fosfatos disueltos. Uno de los métodos más utilizados es la aplicación de hidróxido de calcio (Ca(OH)₂), el cual eleva el pH del agua y favorece la formación de carbonato de calcio. Este proceso facilita la precipitación del fósforo a través de reacciones como:

Ca(HCO3)2 + Ca(OH)2 à 2CaCO3 ↓+ 2H2O
10 Ca2+ + 6 PO43- + 2 OH- ↔ Ca10(PO4)*6(OH)2 ↓

Ciclo del fósforo en un estanque de camarones

Otra alternativa es el uso de sales de aluminio y hierro. El sulfato de aluminio permite la coagulación y remoción de fosfatos, aunque puede afectar parámetros como el pH y la alcalinidad. En el caso del hierro, compuestos como el cloruro férrico, el sulfato férrico o el sulfato ferroso reaccionan con los fosfatos formando precipitados insolubles. En ciertos casos, es necesario complementar estos tratamientos con agentes que ayuden a ajustar el pH para mejorar su eficiencia.

Por otro lado, el enfoque biológico se basa en la utilización de microorganismos capaces de asimilar nutrientes del medio. La interacción entre microalgas y bacterias juega un papel clave en este proceso. Especies como Chlorella vulgaris y Bacillus licheniformis han demostrado ser eficaces en la reducción de fosfatos, contribuyendo a estabilizar el sistema de cultivo mediante procesos naturales.

En conjunto, el manejo adecuado del fósforo es esencial para evitar desequilibrios en los estanques de producción. Aunque este nutriente es necesario para el desarrollo del ecosistema, su exceso puede desencadenar problemas que afectan tanto la salud del camarón como la calidad del producto final. Por ello, la implementación de estrategias de control, ya sean químicas o biológicas, resulta fundamental para mantener sistemas productivos eficientes, sostenibles y rentables.

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